TAIWÁN Y LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA ONU


En el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas se afirma que la misión de las Naciones Unidas es "reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas".

Este compromiso con el principio de universalidad de todos los pueblos y todas las naciones constituye la piedra angular del sistema internacional establecido por los fundadores de las Naciones Unidas en 1945. Además, en el Artículo 4 de la Carta se invita a "todos los demás Estados amantes de la paz" a adherirse a la Organización. Con la admisión de Timor Oriental, Suiza y Montenegro, casi todos los países del mundo son Miembros de esta Organización cada vez más verdaderamente mundial, con excepción de uno: Taiwán.

La República de China (Taiwán) es un Estado libre y soberano amante de la paz, y su Gobierno, elegido democráticamente, es el único gobierno legítimo que puede representar los intereses y deseos del pueblo de Taiwán en las Naciones Unidas. Sin embargo, los derechos e intereses de los 23 millones de habitantes de Taiwan, que está excluido de las Naciones Unidas, no son respetados ni están protegidos.

Después de todo lo que ha logrado las Naciones Unidas para realizar el principio de universalidad, la exclusión completa de Taiwán de las Naciones Unidas plantea un problema moral y jurídico a la comunidad internacional. Las Naciones Unidas deben dejar de aplicar una política sin sentido de apartheid político contra los 23 millones de habitantes de Taiwán.

Entre 1949 y 1971, la cuestión de la representación de la República Popular China en las Naciones Unidas estuvo en litigio constante. La Asamblea General aprobó finalmente la resolución 2758 (XXVI), de 25 de octubre de 1971, por la que admitió a la República Popular China en las Naciones Unidas. Sin embargo, esta resolución no abordó la cuestión de la representación de los 23 millones. de habitantes de Taiwán en las Naciones Unidas.

Lamentablemente, la resolución 2758 (XXVI) ha sido utilizada incorrectamente para justificar la exclusión de Taiwán pues se abordó únicamente la cuestión de la representación de la República Popular China en las Naciones Unidas y en todos los organismos con ellas relacionados. No se determinó que Taiwán es una parte de la República Popular China, ni se otorgó a ésta el derecho de representar a Taiwán ni a su pueblo. Ambos lados del estrecho de Taiwán son regidos por gobiernos separados y ninguno de ellos está sujeto a la jurisdicción del otro. Esta injusta exclusión del Gobierno de Taiwán, sus organizaciones cívicas y sus habitantes se contradice con el principio fundamental de la participación universal preconizado por las Naciones Unidas. Viola el derecho del pueblo de Taiwán de estar representado en el sistema de las Naciones Unidas y de participar en la amplia gama de programas sustantivos de las Naciones Unidas y de contribuir a los mismos, en interés común de todos.

Taiwán se ha convertido en un Estado soberano con una auténtica democracia moderna que puede y desea ser un miembro constructivo de la comunidad internacional. Taiwán es un excelente ejemplo para todos los países que deseen adoptar la democracia, los derechos humanos y las normas y los valores de nuestra comunidad internacional. Taiwán merece ser tomado en serio y admitido por las Naciones Unidas.

Por ser Taiwán un ejemplo de desarrollo económico próspero y de progreso democrático, su experiencia podría tener efectos positivos sobre muchas naciones en desarrollo. Taiwán siempre ha estado dispuesto a compartir esa experiencia única con el resto del mundo mediante la participación constructiva en diversos programas internacionales de prestación de socorro, ayuda humanitaria y de asistencia. Cabe recordar que la ayuda externa desempeñó una función fundamental en las etapas tempranas del propio desarrollo económico y social de Taiwán y su población comparte la convicción de que tiene ahora la responsabilidad de restituir al resto del mundo parte de esa generosidad.

Con su progreso y sus logros internacionalmente reconocidos en materia de desarrollo económico y social, Taiwán está dispuesto a compartir su experiencia única con otras naciones. En los últimos 50 años, Taiwán se ha convertido, gracias al trabajo denodado y los sacrificios realizados, en la decimoséptima economía del mundo en orden de importancia y ocupa el decimosexto lugar en el comercio mundial y el tercer lugar del mundo en relación con el monto de sus reservas de divisas.

Taiwán es una sociedad democrática llena de vitalidad. También es un colaborador internacional activo. Si Taiwán tuviera representación en las Naciones Unidas se cumpliría con el principio de universalidad en su composición, y la Organización mundial seria más representativa, global y eficaz. Ello también contribuiría al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales ya mejorar la cooperación internacional en materia de desarrollo político, económico, social y cultural, así como en la esfera de los derechos humanos y los asuntos humanitarios. Además, ayudarla a lograr antes los objetivos de desarrollo del Milenio.

        Ya es hora de que las Naciones Unidas y sus organismos especializados dejen de excluir a Taiwán. La inclusión de Taiwán permitirá que ese país contribuya a las actividades mundiales dirigidas por las Naciones Unidas y se beneficie de ellas como lo reiterò el presidente Chen Shu-bian en su discurso inaugural de 2004: "Taiwán está dispuesto a seguir desempeñando una activa labor y contribuir activamente a la sociedad internacional: los 23 millones de habitantes de Taiwán tienen derecho a ello, y ese es nuestro deber como ciudadanos de la comunidad internacional".

Last Update: August 31, 2006

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