Por Mei-Shang Ho, M.D., miembro investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas, Academia Sínica, Taiwán,Eran las Navidades de 1994. La fotografía del Sr. James Grant, Director Ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), aparecía en un anuncio de la revista Time junto con una solicitud de donaciones de fondos para vacunas destinadas a niños de las repúblicas de Asia Central. Habían pasado dos años desde el derrumbamiento de la Unión Soviética, y Rusia ya no estaba suministrando vacunas de manera gratuita a los niños de esos países. Mientras tanto, la oficina regional europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estaba bajo la tremenda presión de encontrarse con las crecientes demandas de recursos para vacunaciones de sus muchos nuevos estados miembros. El anuncio llamó mi atención inmediatamente, pero también me dejó confundida.
En el momento en el que el Sr. Grant estaba haciendo su apelación, los fondos para las vacunas hacía un tiempo que ya escaseaban. Taiwán había comprometido antes una donación para ser utilizada para vacunas para niños de estas naciones de Asia Central. ¿Por qué, entonces, en un momento de gran necesidad, esta donación había sido rechazada?
Para mí todo empezó al principio de 1994, cuando, en mi capacidad como consejera del Ministerio de Sanidad acompañé al ministro Po-Ya Chang a Bishkek, Kyrgyzstan, para asistir a una reunión organizada por la OMS, UNICEF, y el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD, siglas en inglés) para promover fondos para vacunas destinadas a los niños de Asia Central. Fue el primer contacto formal entre Taiwán y la OMS desde 1972, cuando Taiwán abandonó la organización. Pero la ocasión fue también de mayor importancia, pues el compromiso del ministro Chang en la reunión para la donación de vacunas significó un cambio en el estatus de Taiwán en la comunidad global: cuando todavía era miembro de la OMS, Taiwán fue una nación receptora de la asistencia internacional; ahora, podría ser pronto un país donante. “Esto marca verdaderamente el comienzo de una nueva era”, pensé, y no pude evitar la excitación cuando regresé a Taiwán.
Sin embargo, la donación de Taiwán al fondo de vacunación para los niños fue rechazada porque, según me dijeron, “Taiwán no es un miembro de la OMS".
Y ya la posterior súplica del Sr. Grant ese año dejó claro que continuaba la horrible escasez de fondos para vacunas. Se mantuvieron discusiones entre algunos doctores taiwaneses; nosotros todavía nos aferrábamos a la esperanza de que podríamos contribuir a los programas de atención sanitaria internacionales si se adoptaran las acciones apropiadas. Unas pocas semanas después, en enero de 1995, mientras planeaba un viaje a Nueva York, concerté una cita con el Sr. Grant en nombre de los profesionales médicos de Taiwán, esperando que gracias a sus buenos oficios de su muy respetado cargo desde hace tiempo de director ejecutivo, se pudiera encontrar una manera de que Taiwán ayudara a UNICEF.
Desgraciadamente, el Sr. Grant falleció el día después de que yo llegara a Nueva York. Fue recibida por el director suplente quien de manera prosaica me recitó literalmente los estatutos y reglamentos de la organización.
Esa reunión no fue a ninguna parte en lo que respecta a los fondos de vacunación para los niños; no obstante, fue una experiencia que me abrió los ojos, ya que me mostró cómo los profesionales médicos poco conocidos de Taiwán se enfrentan al funcionamiento de las agencias internacionales.
Nuestro optimismo se volvió a encender poco tiempo después tras un viaje a Ginebra, en el que me encontré con el Dr. Carlos Fedele, abogado de nacionalidad maltesa y empleado la oficina jurídica de la OMS. Fue el Dr. Fedele quien ayudó a Malta a conseguir el estatus de observador en la Asamblea Mundial de la Salud (AMS). Yo estaba informada de que aunque no hay ninguna disposición relativa al estatus de observador en la Constitución de la OMS, la participación de Malta en la organización como observador había sembrado un precedente, y que para que Taiwán participara en la AMS como observador todo lo que podría necesitarse sería una invitación del director general de la OMS. Nos animaron mucho, porque participando como observador en la AMS se podría establecer una relación activa normalizada entre la agencia internacional y el Gobierno de Taiwán, y quizás Taiwán pudiera ofrecer contribuciones futuras y ser aceptadas a través de este cauce.
En 1995, movilizamos a 114 asociaciones sanitarias y médicas de Taiwán para que firmaran una petición haciendo un llamamiento al Gobierno de Taiwán para realizar una solicitud oficial a la OMS a favor de la asistencia de Taiwán a la AMS.
Lamentablemente, hasta la fecha, el director general de la OMS no ha recurrido al precedente de Malta para invitar a Taiwán a participar en el AMS como observador. Las solicitudes de Taiwán, presentadas anualmente desde 1996, han sido rechazadas.
Desde 1996, la comunidad médica de Taiwán se ha enfrentado a varias epidemias de perfil alto, incluyendo el SARS en 2003, y ahora está ocupada con los planes de preparación para una posible pandemia de gripe. El sentimiento en Taiwán de necesidad de ser parte de la red global de prevención y control de enfermedades es más fuerte que nunca; todavía permanecen vivos los recuerdos de la escasez de vacunas en las naciones tiempo atrás, y el rechazo de las donaciones propuestas para aliviar este problema.
Tristemente, los profesionales médicos de Taiwán han venido a concluir que indudablemente cosas como estas volverán a pasar. Los asuntos relacionados con la salud, no importa lo terribles que sean, no se verán como más importantes que las consideraciones políticas o las condiciones de los miembros.
Es por esto por lo que he elegido contar mi historia ahora. Mi historia es un resumen de cómo mis colegas médicos y yo hemos intentado, y todavía seguimos intentando, hacer del mundo un lugar más saludable. El mensaje que nos gustaría transmitir es que el deseo de Taiwán de participar en las actividades de la OMS proviene del rechazo de nuestra donación al fondo de vacunas para niños, que la solicitud de Taiwán para formar parte de la OMS ha sido en respuesta a la defensa de los profesionales médicos, y que permitir a Taiwán participar en las actividades de la OMS estarían en consonancia con una preocupación profesional por controlar y prevenir las epidemias, que pueden extenderse fácilmente por el territorio nacional y a través de sus límites territoriales. Mis colegas y yo, como profesionales de la salud pública, no haremos más que mantener nuestros esfuerzos para hacer fuerza a favor de la inclusión de Taiwán en las actividades de la OMS, y para solicitar el apoyo a la inclusión de Taiwán en la red global de control y prevención de las enfermedades infecciosas, porque hacerlo así es conforme con el consenso de nuestra profesión en lo que respecta al control y la prevención de enfermedades.Last Update: May 23, 2006