La seguridad y la paz del estrecho de Taiwán afectan no sólo a la vida y los bienes de los pueblos de ambos lados del estrecho de Taiwán, sino también a la paz y la estabilidad de toda el Asia oriental, e incluso de todo el mundo. Debido a la rápida expansión del poderío militar de la República Popular China y la promulgación de la denominada “ley contra la secesión”, es posible que se comprometa la paz en el estrecho de Taiwán. Las Naciones Unidas y la comunidad internacional deben examinar atentamente esta situación y adoptar las medidas preventivas y la respuesta que sean necesarias. En el Artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas se declara expresamente que su objetivo fundamental es el mantenimiento de la paz y la seguridad, así como prestar asistencia en la resolución pacífica de las controversias que puedan ponerlas en peligro. Dado que la paz y la seguridad de los 23 millones de habitantes de Taiwán están gravemente amenazadas, las Naciones Unidas deben expresar su preocupación y observar atentamente esta situación.Las guerras vulneran en forma sumamente brutal los derechos humanos fundamentales y la amenaza e intimidación de la guerra son los mayores obstáculos para su protección y promoción. El Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas declara en forma inequívoca la intención de preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana.
En consecuencia, no pueden protegerse los derechos fundamentales de los 23 millones de habitantes de Taiwán si no se erradica la amenaza y la sombra de la guerra. En otras palabras, si la población de Taiwán no puede vivir libre del temor a la guerra, el compromiso de las Naciones Unidas de resguardar los derechos humanos carecerá de sentido.
En la Declaración del Milenio, los Jefes de Estado y de Gobierno expresaron públicamente: “Estamos decididos a establecer una paz justa y duradera en todo el mundo, de conformidad con los propósitos y principios de la Carta” y reafirmaron su determinación a apoyar la solución de los conflictos por medios pacíficos y en consonancia con los principios de la justicia y del derecho internacional. Los dirigentes del mundo se comprometieron a no escatimar esfuerzos para liberar a los pueblos del flagelo de la guerra. A fin de lograr ese objetivo, los gobiernos resolvieron que la responsabilidad debe ser compartida por las naciones del mundo. Este año se conmemora el sexagésimo aniversario de las Naciones Unidas. La manera de responder ante la situación internacional posterior a la guerra fría, que se caracteriza por una globalización cada vez más amplia, se ha convertido en un factor decisivo para el futuro desenvolvimiento de las Naciones Unidas. En la Declaración del Milenio se ha esbozado claramente la orientación de las actividades y las reformas futuras de esta Organización internacional. Las Naciones Unidas tienen la responsabilidad y la obligación de desempeñar una función señera en las cuestiones de seguridad regional, incluido el estrecho de Taiwán, de modo de demostrar su determinación y empeño en el nuevo milenio El párrafo 3 del Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas declara que los miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos. El párrafo 4 del Artículo 2 también pide a los miembros de la Organización, que se abstengan de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. No obstante, la República Popular China no está dispuesta a comprometerse públicamente a renunciar al uso de la fuerza para resolver la controversia del estrecho de Taiwán. En los últimos 10 años la República Popular China ha aumentado su presupuesto militar a razón de una cifra de dos dígitos todos los años y ha seguido fortaleciendo el despliegue de efectivos militares. Este hecho plantea una amenaza cada vez más grave para la seguridad de la población de Taiwán. Es un hecho que la República Popular China ha desplegado unos 700 misiles orientados a Taiwán y ese número se incrementa en un centenar todos los años. El Ejército Popular de Liberación de la República Popular China suele realizar ejercicios militares en los que se simula una invasión a Taiwán y está haciendo preparativos para la resolución de la controversia del estrecho de Taiwán mediante la guerra. El Congreso Nacional Popular de la República Popular China promulgó la denominada “ley contra la secesión” en marzo del corriente año y destacó que en un momento y situación concretos adoptará “medios no pacíficos y otras medidas necesarias” pera resolver el desacuerdo entre las dos partes del estrecho de Taiwán.
La aprobación unilateral de esta ley sin dudas tiene por objetivo proporcionar a la República Popular China una excusa legítima para utilizar la fuerza a fin de invadir a Taiwán. Esto no sólo vulnera obviamente el principio de la resolución pacífica de controversias consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, sino que también constituye una amenaza para la seguridad y la existencia de los 23 millones de personas que habitan Taiwán. Es absolutamente necesario que las Naciones Unidas expresen su honda preocupación y adopten las medidas que sean necesarias para evitar que se considere que están prestando su consentimiento, o incluso dando su aprobación, a esta conducta que viola la Carta de las Naciones Unidas. La promulgación unilateral de la “ley contra la secesión” por la República Popular China ha incrementado la tensión en el estrecho de Taiwán y amenaza la paz y la estabilidad del Asia oriental. Toda amenaza del uso de la fuerza no sólo está en flagrante violación de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas sino que contradice el espíritu del informe del Secretario General a la Asamblea General titulado “Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos”. Taiwán es un importante eje geopolítico y económico del Asia oriental y un centro de transporte, pues a diario miles de aviones civiles atraviesan su espacio aéreo y entre 500 y 600 buques comerciales circulan por el estrecho de Taiwán. En el contexto de la tendencia actual hacia la integración regional y la creciente interdependencia mundial, la paz y la estabilidad de las relaciones entre ambos lados del estrecho inciden en forma directa en la paz, el desarrollo y la seguridad de la región de Asia y el Pacífico e incluso de todo el mundo. Las Naciones Unidas tienen la responsabilidad de seguir de cerca la evolución de la situación de la región. Como foro de diálogo mundial pueden desempeñar una función positiva y dinámica en la promoción de la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán concretando los ideales y las metas establecidos en la Carta respecto de la consecución y el mantenimiento de la paz, dando así un ejemplo de la función que han de cumplir las Naciones Unidas en el siglo XXI en relación con el establecimiento de la paz.
Last Update: September 8, 2005