Diario La Nueva Prensa de Guayana. 17 de Septiembre de 2004
En septiembre del año 2000, la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración de las Naciones Unidas del Milenio, prometiendo reconocer “una responsabilidad colectiva para defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad a nivel global”. Este pronunciamiento reafirma el compromiso de los estados miembros para con los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, a pesar de que la Declaración reconoce que “las naciones y los pueblos se han vuelto cada vez más interconectados e interdependientes”, aún queda un país excluido de la familia de las Naciones Unidas. La República de China (ROC, siglas en inglés), generalmente conocida como Taiwán, sigue aguardando su regreso, y su pueblo espera que se le respete su derecho humano fundamental al respeto y la participación igualitarios en los proyectos y actividades globales.
El gobierno y el pueblo de Taiwán buscan una urgente compensación a esta injusta situación. Al respetar los ideales fundacionales de paz y derechos humanos de las Naciones Unidas, desean cumplir con sus obligaciones como miembros responsables de la comunidad mundial y cooperar con otras naciones brindando asistencia humanitaria y apoyando el desarrollo sostenible. En esta era de la globalización, el pueblo de Taiwán desea ser parte del esfuerzo de las Naciones Unidas para crear un futuro compartido para toda la humanidad.
Desde que los chinos comunistas tomaron el control de China continental y establecieran la República Popular China (RPCH) en 1949, los dos lados del Estrecho de Taiwán han sido gobernados como dos países separados, sin que ninguno tenga control o jurisdicción sobre el otro. Taiwán fija sus propias políticas, conduce su propia defensa nacional, y desarrolla relaciones formales y sustantivas con otros estados de la comunidad mundial. Todos los acuerdos políticos, económicos y comerciales que involucran a Taiwán son negociados exclusivamente con su gobierno.
Hoy en día, Taiwán es una democracia libre y vibrante. Las amplias reformas constitucionales de las dos décadas pasadas han expandido su proceso democrático, incluyendo las primeras elecciones parlamentarias generales de la nación en 1992 y la primera elección presidencial directa de 1996. La elección presidencial del año 2000 puso fin a cinco décadas de gobierno del Kuomintang y se llevó a cabo una pacífica transferencia del Poder Ejecutivo al Partido Democrático Progresista. El éxito de Taiwán en la construcción de su democracia y en la promoción de los derechos humanos da testimonio de la perseverancia de su pueblo, así como del compromiso de su gobierno para con la paz, la justicia y la libertad.Taiwán cree firmemente en la universalidad e indivisibilidad de todos los derechos humanos. El gobierno ha prometido reintegrar a Taiwán al sistema internacional de los derechos humanos, prometiendo obrar de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ratificar el Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos y el Convenio Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, así como poner en práctica la Declaración de Viena y su Programa de Acción. Actualmente, Taiwán está en proceso de establecer una Comisión Nacional para los Derechos Humanos acorde con las normas de la ONU, y está incorporando localmente los citados Convenios y otros instrumentos legales importantes para la protección de los derechos humanos bajo la forma de una Ley Básica para los Derechos Humanos.
Taiwán ha gozado de una prosperidad económica prolongada, gracias al talento, la ambición y el diligente trabajo de sus habitantes. Ellos han transformado esta pequeña isla con escasos recursos en la 17ª economía a nivel mundial, poseedora de las terceras reservas de divisas en el mundo, con el 15º mayor volumen comercial, y con el tercer mayor volumen de exportaciones de tecnología integrada. Este excepcional desempeño económico garantiza que Taiwán está bien equipado para cumplir la meta de la ONU de lograr “estándares de vida más elevados, empleo pleno y condiciones de desarrollo económico y social”.A pesar de su éxito, a Taiwán no se le ha permitido integrarse para compartir la responsabilidad de impulsar el desarrollo económico y social mundial, o su experiencia de una pacífica transformación social y política con el resto del mundo. En 1971, la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU resolvió el problema de la representación de la República Popular China en las Naciones Unidas y sus organizaciones afiliadas. Pero esta resolución no resolvió sobre el derecho de la República Popular China a representar al Gobierno y al pueblo de Taiwán. Por tanto, los 23 millones de habitantes de Taiwán han sido excluidos de las Naciones Unidas.
La exclusión de Taiwán de las Naciones Unidas ha obstaculizado su capacidad para contribuir a los esfuerzos multilaterales para lograr el bien común mundial. La representación en esta organización universal por excelencia le brindaría al pueblo de Taiwán un canal más efectivo y eficiente para coordinar esfuerzos y expandir la cooperación con otros miembros de la comunidad global. Una participación tal le permitiría a Taiwán contribuir y beneficiarse con las soluciones internacionales a los problemas globales. Dada la situación estratégica de Taiwán en el Asia-Pacífico, también permitiría a Taiwán desempeñar un papel crucial en el mantenimiento de una paz y seguridad duraderas en la región y en el mundo.
En este nuevo siglo, en que la cooperación global juega un papel clave en todas las iniciativas para la paz y la prosperidad, la comunidad internacional no puede darse el lujo de cerrarle las puertas a un socio responsable y amante de la paz. Las Naciones Unidas deben defender el principio de universalidad e invitar a Taiwán a dar una mano para ayudar a hacer del mundo un mejor lugar para todos.
Last Update: September 20, 2004