Por largo tiempo, fundamentalmente debido a la hostilidad de China hacia Taiwán, la comunidad internacional ha declarado en repetidas ocasiones que la región del Estrecho de Taiwán es una zona de minas sin explotar, con potencial para un conflicto bélico. Una clara prueba de ello es la instalación en la costa sur oriental de China de decenas de misiles dirigidos contra Taiwán. Tal agresividad es irracional e innecesaria. Si respetamos los valores universales que constituyen la democracia, la libertad y los derechos humanos, debemos aplaudir los avances concretos que Taiwán ha alcanzado en esta materia en las últimas dos décadas y reconocer el principio fundamental defendido por el pueblo de Taiwán de que “cualquier cambio del estado actual requiere el consentimiento de los 23 millones de habitantes”. Taiwán es pequeño, débil y no representa ningún peligro para China. La instalación de decenas de misiles contra un Taiwán inocente, buscando cambiar el estatus quo mediante amenazas y la fuerza bélica, es un acto injusto e innecesario. Nos complace grandemente que el 5 de septiembre el Parlamento Europeo haya aprobado, con una mayoría aplastante de 448 votos contra 26, una resolución que demanda el retiro de los misiles dirigidos contra Taiwán. Este desarrollo de los acontecimientos indudablemente positivo nos alienta, porque encarando el potencial de crisis que existe en el Estrecho de Taiwán se ha dado un paso trascendental para desmechar la bomba. Esperamos que la comunidad internacional continúe apoyando un desarrollo positivo para dar solución a este conflicto potencial. China, después de pasar por las Guerras de Corea y Vietnam y la Revolución Cultural, en la última década promovió con significativo éxito una serie de reformas y políticas de liberalización, gozando de un rápido crecimiento económico. Con su estatus de potencia en la arena internacional ha mediado disputas, responde a la lucha global contra el terrorismo y será el anfitrión de los Juegos Olímpicos del año 2008. Todo ello ha propiciado un incremento del nacionalismo, lo cual nos alegra y preocupa al mismo tiempo. Esperamos que China pueda convertirse en una nación moderna más abierta y democrática, en lugar de valerse de su creciente nacionalismo para amenazar militarmente a Taiwán. No queremos que China marche por la senda del autoritarismo ni del terrorismo de estado, por lo que solicitamos a los dirigentes chinos la sabiduría política para cesar su hostilidad hacia Taiwán, retirando los misiles contra la isla. Sin duda sería un gesto de buena voluntad en el estrecho de Taiwán y un paso trascendental hacia la reconciliación.
Last Update: November 27, 2002