La cooperación para luchar contra el terrorismo y la prevención de la proliferación de armamento de destrucción masiva son los dos grandes tópicos actuales relacionados con la seguridad internacional. Mientras el mundo se esmera en combatir actos terroristas, China ha instalado 400 misiles dirigidos en el otro margen del Estrecho de Taiwán. Es como quien pide la mano de una muchacha con una pistola en la mano, forzando a un Taiwán democrático a aceptar la unificación bajo las condiciones de China. ¿No es ello acaso otro tipo de acto terrorista que atenta contra la libertad y la democracia? Según el informe del Banco Mundial, en 1999 una población rural de 150 millones en China tenía un ingreso per cápita diario por debajo de la línea de pobreza mundial de un dólar americano. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo urbano en China continental varía entre un 8 y un 9 %, mientras que la misma cifra asciende a un 20 % en la región norteña del continente. A pesar de la grave situación de desempleo y pobreza, China ha incrementado anualmente su presupuesto militar en dos dígitos, experimentando este año un ascenso del 17,6 %. Taiwán es la 16ª. economía del mundo, la cual en mayo del año 2000 completó por primera vez en la historia la alternancia pacífica de partidos políticos en el gobierno. En cuanto al poder económico, la vitalidad democrática y su generosidad con la comunidad internacional, Taiwán es sin duda una “Historia de Éxito” digna de aplauso. Por ello, defender la seguridad de Taiwán equivale a proteger los valores universales de democracia, libertad y paz. El periodista australiano Craig Addison escribió en su obra “Silicon Shield” que Taiwán es un baluarte de la industria informática mundial, por lo que amenazar a Taiwán equivale a una amenaza contra esa rama industrial y la seguridad global. El 5 de septiembre del presente año el Parlamento Europeo, en representación de la voluntad de 370 millones de habitantes, con una mayoría aplastante de 448 votos contra 26 aprobó públicamente una resolución demandando que China retire en su totalidad los misiles instalados en la costa sur oriental. Así queda manifiesta la determinación del mundo civilizado de defender la libertad y la democracia, por lo que como parte del mismo debemos adoptar y expresar con firmeza la misma postura. Así como el pueblo de Taiwán tiene el derecho a autodeterminar su destino, el Presidente de Taiwán Chen Shui-bian ha anunciado públicamente su voluntad de sentarse a negociar todo tipo de tópicos con China sobre la base de paz, democracia e igualdad. No acabamos de entender por qué China prefiere las amenazas militares en lugar del diálogo pacífico para solucionar los diferendos a través del Estrecho. Según lo estipulado en la Carta del Atlántico de 1941, el ser humano tiene la libertad de vivir sin temor. China tiene muy mala fama en materia de derechos humanos, reprimiendo constantemente a los tibetanos, los uygures de Xingjiang y atentando contra la libertad de culto de millones de seguidores del Falungong. Si el mundo libre puede tolerar las amenazas de misiles de China contra Taiwán, el temor de los taiwaneses de hoy se convertirá en algo común para todos el día de mañana. Por ello, digámosle a China en voz alta: “Queremos paz y no misiles”.Last Update: November 27, 2002